
Los plomeros de la Casa Blanca
White House Plumbers

Un año antes de la infame operación de Watergate, E. Howard Hunt y G. Gordon Liddy se vieron encargados de indagar el filtrado de los Papeles del Pentágono, formando un equipo de cubanos, todos veteranos de la Batalla de Bahía de Cochinos, para entrar en la oficina del psiquiatra de Daniel Ellsberg, el denunciante. Mientras tanto, Hunt y Dorothy, su esposa, conocieron a los Liddy.
Mientras Hunt y Dorothy divierten a Liddy y a su cónyuge Fran en su lujoso club de campo, sus hijos Lisa y Saint John dibujan una imagen de la familia menos que ideal. Más tarde, durante sus encuentros con el fiscal general de Nixon, John Mitchell, Hunt y Liddy tienen la oportunidad de rehabilitarse cuando un memorando filtrado por Dita Beard pone a Mitchell y a la administración en una situación de riesgo legal.
Hunt, Liddy y los cubanos tratan de forzar su entrada a las oficinas del DNC en Watergate con el propósito de instalar dispositivos de vigilancia para la Casa Blanca.
Tras sufrir los arrestos relacionados con el escándalo del Watergate, Hunt solicitó el apoyo de Saint John para eliminar las evidencias, mientras Liddy alertaba al fiscal general interino de que los robos podían ser vinculados al mandatario. Después de regresar de su viaje a París
Mientras los rumores sobre la implicación de la Casa Blanca crecían, Liddy expresó su inquietud por la seguridad de Hunt a John Dean y trató de llegar a un acuerdo. Después de que Hunt y sus colaboradores fueran hallados culpables, Kevan, hija de Hunt, usó un diario oculto para persuadir a su padre de que dijera la verdad en su testimonio ante el Senado, pero quizás ya era demasiado tarde. La renuncia del presidente significó la ruina para muchos.